Consentimiento informado en psicología: qué debe incluir
Qué debe recoger el consentimiento informado de una terapia psicológica, cuándo conviene tenerlo por escrito y qué cambia con menores de edad.
El consentimiento informado no es un papel que se firma deprisa en la sala de espera. Es el momento en que el paciente entiende qué va a pasar en la terapia y decide, libremente, empezar. El documento firmado es la prueba de que ese momento existió.
Te contamos qué debe incluir, cuándo conviene tenerlo por escrito y qué cambia cuando atiendes a menores.
Revísalo con un abogado. Este artículo explica qué suele incluir un consentimiento informado en psicología, pero no es un documento legal listo para usar. Antes de dárselo a tus pacientes, haz que un abogado o la asesoría jurídica de tu colegio revise tu versión.

Qué dice la ley
La Ley 41/2002 de autonomía del paciente es la norma de referencia. Pide que, antes de cualquier intervención sanitaria, el paciente reciba información adecuada y dé su consentimiento libre y voluntario. Y reconoce su derecho a revocarlo en cualquier momento.
Los códigos deontológicos de la profesión insisten en lo mismo: informar antes de intervenir, con un lenguaje que el paciente entienda.
¿Tiene que ser por escrito?
La ley establece que, por regla general, el consentimiento sea verbal, y lo exige por escrito en intervenciones con riesgos importantes, como las quirúrgicas. La psicoterapia no suele estar en ese grupo.
Aun así, tenerlo por escrito es muy recomendable:
- Es tu prueba de que informaste, si algún día surge un conflicto.
- Obliga a ordenar la información y a no dejarse nada.
- Con menores, grabaciones o comunicación con terceros, es prácticamente imprescindible.
Qué debe incluir
Un buen consentimiento informado en psicología suele recoger estos apartados:
- Datos del profesional y de la clínica: nombre, número de colegiado y datos del centro.
- Datos del paciente y, si es menor, de sus representantes.
- En qué consiste la intervención: evaluación, tratamiento, enfoque de trabajo, duración y frecuencia aproximadas.
- Objetivos y beneficios esperables, sin prometer resultados.
- Posibles molestias, como un malestar emocional pasajero al trabajar ciertos temas.
- Alternativas: otros enfoques o la posibilidad de derivar a otro profesional.
- Confidencialidad y sus límites: cuándo puede romperse el secreto, por ejemplo ante un riesgo grave para el paciente o para terceros, o por requerimiento judicial.
- Protección de datos: quién trata sus datos, para qué y cuánto tiempo, o una referencia a la información que se le entrega aparte.
- Honorarios, forma de pago y política de cancelación.
- Comunicación entre sesiones: qué canales se usan y para qué.
- Derecho a revocar el consentimiento y a terminar la terapia cuando quiera.
- Fecha y firma.
Confidencialidad, con límites claros. Prometer un secreto absoluto es un error frecuente. El paciente tiene derecho a saber desde el principio en qué casos excepcionales no podrás guardarlo.
Sobre la política de cancelación, te contamos cómo redactarla en este artículo, y tienes una plantilla gratis lista para firmar que puedes entregar junto al consentimiento.
Consentimiento informado con menores
Es la parte que más dudas genera. A grandes rasgos:
| Edad del paciente | Quién consiente |
|---|---|
| 16 años o más, o emancipado | El propio paciente, salvo situaciones de grave riesgo |
| Menos de 16 años | Sus representantes legales, escuchando siempre su opinión según su madurez |
Cuando los progenitores están separados o divorciados, la psicoterapia de un hijo se considera una decisión importante que, en general, requiere el consentimiento de ambos. Lo prudente es contar con las dos firmas, salvo que uno de ellos tenga en exclusiva la patria potestad o exista una autorización judicial.
Y aunque legalmente firmen sus padres, el menor también merece una explicación adaptada a su edad sobre qué va a pasar en las sesiones.
Consentimientos que conviene separar
Algunos permisos funcionan mejor como documentos aparte, para que el paciente pueda aceptar unos y no otros:
- Grabación de sesiones, por ejemplo para supervisión.
- Comunicación con terceros: el colegio, el médico, otro profesional.
- Uso de información con fines de formación o investigación.
Cuándo y cómo firmarlo
- Antes de empezar, en la primera sesión o justo antes.
- Explicándolo en voz alta. El documento acompaña la conversación, no la sustituye.
- Dejando tiempo para preguntas.
- Guardando una copia de la versión exacta que firmó, con la fecha.
- Actualizándolo si cambian las condiciones del tratamiento.
La firma digital es tan válida como el papel si queda constancia de quién firma, qué texto aceptó y cuándo. Y tiene una ventaja práctica: el documento no se pierde y lo encuentras en segundos.

Cómo explicarlo en la primera sesión
Unos minutos bastan, y cambian por completo cómo se vive el documento. Un orden sencillo:
- Qué vamos a hacer: cómo trabajas, cuánto suelen durar las sesiones y cada cuánto os veréis.
- Qué puede pasar: que algunos temas remuevan, y que es parte normal del proceso.
- Qué queda entre vosotros y qué no: la confidencialidad y sus límites, dichos con claridad.
- Lo práctico: honorarios, cancelaciones y cómo contactar entre sesiones.
- Su libertad: puede preguntar lo que quiera, ahora o más adelante, y dejar la terapia cuando lo decida.
Después, el paciente lee el documento con calma y firma. Si algo no le ha quedado claro, es el momento de aclararlo.
Cuándo actualizarlo
El consentimiento no se firma una vez para siempre. Conviene pedir uno nuevo, o un anexo, cuando:
- Cambia el tipo de intervención, por ejemplo de terapia individual a terapia de pareja.
- Vas a grabar sesiones o a compartir información con terceros.
- Un paciente que empezó siendo menor cumple 16 años y pasa a consentir por sí mismo.
- Cambian tus condiciones: honorarios, política de cancelación o canales de contacto.
Errores frecuentes
- Usar un modelo genérico descargado de internet sin adaptarlo a tu forma de trabajar.
- Hacerlo firmar sin explicarlo.
- No guardar qué versión firmó cada paciente, cuando el texto ha cambiado con el tiempo.
- Con menores, conformarse con la firma de un solo progenitor sin comprobar la situación familiar.
- Prometer confidencialidad absoluta.
Y recuerda que el consentimiento informado clínico y la información sobre protección de datos son cosas distintas, aunque se entreguen juntas. Te lo explicamos en protección de datos para psicólogos.
Preguntas frecuentes.
¿Es obligatorio el consentimiento informado en psicología?
Sí. La Ley 41/2002 exige que el paciente dé su consentimiento libre después de recibir la información adecuada sobre la intervención. La ley no siempre exige que sea por escrito, pero tenerlo firmado es la mejor forma de demostrar que informaste.
¿Quién firma el consentimiento si el paciente es menor?
A partir de los 16 años, el propio paciente, salvo situaciones de grave riesgo. Por debajo de esa edad, sus representantes legales, escuchando siempre la opinión del menor. Si los progenitores están separados, lo prudente es contar con la firma de ambos, salvo que uno tenga en exclusiva la patria potestad o exista una autorización judicial.
¿Se puede firmar el consentimiento informado online?
Sí, siempre que quede constancia de quién firma, qué texto exacto aceptó y cuándo. Una firma digital con esos datos guardados es tan útil como el papel, y más fácil de encontrar cuando la necesitas.
¿Puede el paciente retirar su consentimiento?
Sí, en cualquier momento. El documento debe decirlo de forma expresa, junto con la posibilidad de terminar la terapia cuando quiera.
En Nederin el paciente firma el consentimiento desde el móvil: lee el texto, marca las casillas y escribe su nombre. Queda guardado lo que firmó, con fecha y hora, y puedes partir de nuestra plantilla base o usar la tuya.
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